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lunes, 26 de julio de 2010

Los que no quieren casar a las parejas gays

Tras la aprobación del matrimonio igualitario en el Congreso de la Nación, jueces de paz y agentes del Registro Civil sugirieron que no acatarán la nueva ley. Las organizaciones sociales se aprestan a presentar denuncias y abrir causas penales.
Por Soledad Vallejos

Ante los ojos de quienes durante meses se opusieron a la sanción del matrimonio igualitario, los debates en la sociedad, el visto bueno del Congreso y la promulgación presidencial no tienen validez alguna ante “la ley de Dios”. Así lo han enunciado en distintos, aunque pocos (solamente cinco), lugares del país funcionarias y funcionarios que alegan una presunta “objeción de conciencia” para no aplicar una ley civil. Como sucedió durante el largo proceso que culminó con la sanción en la madrugada del jueves 15, la estrategia de los sectores integristas es insinuar y nunca decir. Jueces de paz, funcionarios del Registro Civil y hasta un gobernador han echado mantos de sospecha para no revelar que tras el reparo se agazapa el juicio moral, en una estrategia que se sirve de recurrir al discurso del Estado de derecho y las minorías para disimular el peso del prejuicio y las presiones eclesiásticas. Tal como pasó cuando la ley era proyecto y transitaba por las cámaras del Congreso, el rechazo a la igualdad tiene un perfil bien definido, tanto que algunas caras y palabras resultan conocidas y previsibles. Como sea, las acciones legales contra esos ejercicios de discriminación y supuestas rebeldías civiles están al caer, confirmó a este diario la presidenta de la Federación Argentina LGBT (Falgbt), María Rachid: en los casos ya conocidos, “vamos a presentar denuncias penales por apología del delito, y reclamos civiles a favor de los damnificados en caso de que nieguen turnos a las parejas, y reclamos por daños y perjuicios”.

María Rachid reconoce que, al empezar a trabajar para lograr un matrimonio inclusivo, la Falgbt estudió lo sucedido en otros países. “Por eso sabíamos que, luego de la aprobación, quienes se oponen tienen dos estrategias. Una es hacer presentaciones de inconstitucionalidad, que dijeron que van a presentarlas, aunque saben que no tienen muchas posibilidades de que eso prospere. De hecho, ya trascendió que de seis de los jueces de la Corte Suprema ya firmaron a favor del amparo presentado por Claudia (Castrosín Verdú) y por mí. La otra estrategia que usaron es la de apelar a las objeciones de conciencia o llamar a la desobediencia civil. Pero en otros países, así como se inició, esa estrategia se terminó inmediatamente cuando esos funcionarios fueron sancionados. En España, cuando uno de los jueces fue multado, en euros, se terminaron esas objeciones.”

–Aun cuando preveían reacciones de este tipo, ¿se sorprendieron?

–En realidad, en otros países hubo más. Pero tal vez la diferencia no tenga que ver con esa gente, sino con que acá la ley es muy clara sobre el tema y los funcionarios públicos se arriesgan a sanciones importantes. Hay que ver si alguno de los que salieron a hacer declaraciones cumple con lo que dijo. Decir que se oponen no implica nada.

–¿Es posible iniciar acciones legales contra quienes estos días anunciaron que se negarán a aplicar la ley?

–El Código Penal es claro. Hay dos artículos que aplican. El 248 refiere el abuso de autoridad: un funcionario público que no cumple con la ley que le incumbe de manera directa incurre en eso. El otro es el 249, de omisión de deberes de funcionario público. La sanción en casos de apología del delito implica prisión; la primera vez es excarcelable, si hay reincidencia el beneficio puede perderse.

–En el caso de Mendoza, el relevamiento de posibles objetores de conciencia que pidió Celso Jaque indicó que ninguno de los 108 funcionarios provinciales encargados de casamientos se niega a aplicar la ley. Jaque no volvió a mencionar el tema en público. ¿Qué pasará en ese caso?

–El Inadi de Mendoza envió una carta al gobernador pidiendo que ratifique o rectifique lo que declaró, porque de ser así cabe una denuncia por apología del delito. A principios de esta semana deberíamos tener una respuesta. De todas maneras, no puede sorprender a nadie que Jaque haya dicho eso. Ya ha hecho declaraciones discriminatorias y antidemocráticas en varias oportunidades, como cuando habló de impulsar la castración química y el registro público de violadores y debió retractarse a las dos semanas. Suele salir con exabruptos antidemocráticos y discriminadores.

–¿Qué podría suceder en el futuro cercano?

–Estamos convencidos de que, como en otros países, con el primer funcionario sancionado el recurso de hablar de objeciones se va a terminar. Sabemos que en todas las jurisdicciones va a haber funcionarios que casen a las parejas, ése no es el problema, pero sí vamos a buscar a los que no quieran cumplir con la ley. Es una actitud antidemocrática. Pueden estar de acuerdo o no, pero deben respetar la ley votada por el Congreso nacional. No es que uno no cumple la ley cuando no está de acuerdo.


Mártires ante el mal

“Aunque me cueste la vida”, declamó dramáticamente la jueza de Paz pampeana Marta Covella a poco más de un día de sancionada la ley, cuando se encargó de comunicar su disgusto al periodismo de su provincia. Por “cristiana evangélica”, dijo, no podía acordar con una ley capaz de regularizar “una relación entre homosexuales (que) es una cosa mala delante de los ojos de Dios”. La funcionaria del Estado agregó: “Me crié leyendo la Biblia y sé lo que Dios piensa (sic). Dios ama a toda la gente pero no aprueba las cosas malas que hace la gente”. Por ser “contrario a la ley de Dios”, el matrimonio igualitario no contará con su aquiescencia. Para esquivar posibles recriminaciones y sanciones, agregó que de todas maneras pondría “a disposición todo lo que esté a nuestro alcance” para que las parejas puedan casarse: “Alguien va a casar a esas parejas, si se presentan los pedidos, pero no seré yo”. La diputada Elisa Carrió respaldó la postura de Covella: “Tendría que existir esta supuesta objeción de conciencia, porque no habría que confrontar”.

Sólo unos días después, la encargada de una delegación sanjuanina del Registro Civil explicó a la prensa qué le indicaba su “formación religiosa”, puesta a trabajar como funcionaria. Autodefinida “defensora de la familia”, la encargada del registro en el Barrio Los Pinos (Chimbas), Angela de Herrero, afirmó que con la sanción del matrimonio igualitario “se nos ha complicado el trabajo”, por la tensión entre el imperio de la ley y el peso de los deseos personales. Su decisión, dijo, era no casar a parejas integradas por personas del mismo sexo, aunque sabe que por ello “podría recibir sanciones”. La señora lleva 37 años trabajados en el registro civil; 25 de ellos en Chimbas.

La rebeldía ante lo “contrario a la ley de Dios” se esgrimió en otro pueblo de La Pampa, Eduardo Castex. Allí, la jueza de Paz Telvi Ali Tás, en cumplimiento de una suplencia, dijo que no sabría qué hacer si su trabajo la impelía a casar a una pareja de varones o mujeres. “La verdad es que lo tendría que pensar muy bien, porque no lo acepto. Si me tocara hacerlo, me pondrían entre la espada y la pared. Me parece que lo pensaría muy bien” porque “va contra mis principios”, declaró a un diario. Y agregó que “esto (el matrimonio igualitario) va contra lo natural”, y que “nadie va a cambiar mi pensamiento”.

Clara como resulta, la línea argumentativa presupone que violencia es aplicar la ley civil de un Estado laico, en lugar de permitir que prime la perspectiva confesional. En nombre de la caridad cristiana, quienes no acuerdan con lo sancionado se proclaman víctimas de un orden social ajeno.


La rebelión de las conciencias

“La ley de matrimonio que aprobó el Congreso no incluye la posibilidad de la objeción de conciencia, pero al margen de eso, está en el orden jurídico la objeción de conciencia”, declaró el director del registro civil de Concordia, Alberto Arias. Funcionario público y “abogado canónico” que representa, entre otros, los intereses de la catedral de Concordia y las Carmelitas Descalzas (según él mismo ha contado), Arias conoció una efímera notoriedad días atrás al replicar que no casaría a una pareja de varones, pero sí a Alfredo Astiz (solamente con una mujer). “¿Por qué no lo voy a casar al pobre hombre? Si no, no se puede rezar más el Padrenuestro, si no perdonamos no podemos. ¿Hasta cuándo vamos a estar acusando?” El mismo abogado retomó argumentos sostenidos por jerarcas de la Iglesia Católicas: ampliar el matrimonio civil fue “un error” porque constituye “una especie de igualitarismo que no corresponde”. El “nuevo orden jurídico se va a respetar (...) se van a celebrar esos matrimonios. Pero no hay que obligar a nadie a celebrarlos”.

Esa misma lógica respaldó las intervenciones de Celso Jaque cuando encargó la confección de un registro de funcionarios que adujeran objeción de conciencia . Desde Misiones, el director del Registro Civil César Yaya, anunció que, aunque la provincia estaba lista para implementar la ley, su gestión procuraba no “incomodar”. “Tengo que cumplir con la ley en primer lugar –advirtió–, aunque voy a considerar a quienes tenga objeción de conciencia. Tampoco la idea es ponerlos en una situación incomoda, pero seguro que lo celebraremos con otra persona.”

De quienes se oponían la ley, sólo el senador Adolfo Bermejo parece recordar las disposiciones institucionales. “En la ley que fue promulgada –dijo–, ningún artículo hace mención a la objeción de conciencia. Sí lo tenía el proyecto de unión civil(N de la R.: precisamente ese artículo motivó un dictamen del Inadi en su contra, por inconstitucional) pero no en ésta finalmente.”

jueves, 22 de julio de 2010

Las parejas homosexuales podrán casarse a partir del 2 de agosto

Los registros civiles estarán habilitados para celebrar casamientos entre personas del mismo sexo cuando pasen los ocho días que deben transcurrir desde la publicación en el Boletín Oficial de la ley que los permite, hasta su entrada en vigencia. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner promulgó la norma ayer y hoy quedó registrada oficialmente, junto al decreto que ordena su reglamentación.

Los matrimonios entre personas del mismo sexo podrán celebrarse desde el 2 de agosto, el primer día hábil siguiente a los ocho días que deben transcurrir desde la publicación de la ley para su entrada en vigencia.

Sin embargo, aunque ya se puede pedir turno en todos los registros civiles del país, los plazos para celebrar los matrimonios variarán de acuerdo a las disposiciones que rigen en cada jurisdicción.

En la ciudad de Buenos Aires, los turnos se ortorgan con una antelación de 28 días, aunque ya se dieron algunos provisorios, según señalaron las autoridades del Registro Civil.

Con la entrada en vigencia de la nueva ley, el matrimonio se celebrará entre "contrayentes", con indepedencia de que sean del mismo o de diferente sexo.

El nuevo ordenamiento reconoce los mismos derechos y obligaciones para los matrimonios entre homosexuales o heterosexuales y establece que todas las referencias a la institución del matrimonio que contiene el ordenamiento jurídico argentino se entenderán aplicables tanto al matrimonio constituido por dos personas del mismo sexo como al constituido por dos personas de distinto sexo.

Precisa además que ninguna norma del ordenamiento jurídico argentino podrá ser interpretada ni aplicada en el sentido de limitar, restringir, excluir o suprimir el ejercicio o goce de los mismos derechos y obligaciones, a los matrimonios constituidos por personas del mismo sexo o formado por personas de distinto sexo.

Para la adopción, establece el mismo derecho para los matrimonios homosexuales o heterosexuales y puntualiza que el adoptado podrá llevar el apellido de los dos cónyuges y, si no hay acuerdo sobre cuál usar primero, se decidirá por orden alfabético.

Si hubiera sido adoptado por uno de ellos, llevará primero el apellido del adoptante, al que se podrá sumar el de la pareja. Dispone que en caso de separación en los matrimonios heterosexuales, el menor debe permanecer con su madre hasta los cinco años, mientras que en los constituidos por personas del mismo sexo será el juez el que deberá resolver teniendo en cuenta el interés del menor.

En cuanto a la responsabilidad como padres, los homosexuales tienen las mismas obligaciones que los heterosexuales y cualquiera de los miembros de la pareja puede ser demandado por prestación de alimentos.

Dispone también que en caso del matrimonio entre personas del mismo sexo, será optativo para cada cónyuge añadir a su apellido el de su cónyuge, precedido por la preposición "de".

Discurso de la presidenta en la firma del decreto de promulgacion del matrimonio igualitario

La Presidenta firmó el decreto de promulgación de la ley 26.618, que establece el matrimonio igualitario en la República Argentina, en una ceremonia que tuvo lugar en la Galería de Patriotas Latinoamericanos del Bicentenario, de Casa Rosada. "Hoy somos una sociedad un poco más igualitaria" expresó la Presidenta.

miércoles, 21 de julio de 2010

“Ahora somos una sociedad un poco más igualitaria”

Hubo emoción y euforia. Hubo aplausos y ovaciones. Ante cientos de militantes de la diversidad sexual y un variado arco de invitados, la Presidenta puso su firma al matrimonio igualitario. “Hemos promulgado una construcción social transversal”, dijo.
Por Soledad Vallejos

“Es un momento muy especial para todos”, reconoció la presidenta Cristina Fernández, ante un auditorio de activistas de la diversidad sexual, celebridades, personajes de la cultura, la política y funcionarios que acababan de ver cómo promulgaba, al firmarla, la ley de matrimonio igualitario. Eran las seis y media de la tarde. Sobre la calle Balcarce, todavía serpenteaba una cola de invitados, pero los cientos que habían logrado ingresar alcanzaban para convertir el corazón de la Casa Rosada en una fiesta. Puertas adentro, de pie y entre aplausos, todas esas voces celebraban el instante transformándose en coro: “¡Igualdad! ¡Igualdad!”. Lo mismo, pero clamando nombres propios, había pasado un rato antes, cuando María Rachid, presidenta de la Federación Argentina LGBT (Falgbt), había pisado el escenario para entregar a Fernández un reconocimiento, y también en el momento en que la Presidenta había ingresado al salón. Durante media hora, la alegría inundó los rincones y echó por tierra cualquier intento de seguir un protocolo rígido. No fue la excepción el momento en que Cristina Fernández recordó el pasado inmediato y celebró el presente: “Ahora somos una sociedad un poco más igualitaria que hace una semana”. La ley entrará en vigencia hoy, al ser publicada en el Boletín Oficial.

La ansiedad por participar había comenzado ya en la puerta. Por más que el ingreso fuera habilitándose de a ratos, dosificado, la fila siempre comenzaba en Balcarce 50 y llegaba hasta la entrada del subte ubicada en Irigoyen. Tan sorpresivamente nutrida era la concurrencia que algunos de los invitados estrella todavía pugnaban por entrar a sólo minutos de que comenzara el acto. Del lado de afuera de las rejas que separan Casa de Gobierno de la calle, los elegantísimos Alberto Fernández y Matías Méndez (el matrimonio que se celebró el 4 de junio, en pleno proceso de debate en la Comisión de Legislación General del Senado) habían tenido la precaución de cargar con la libreta colorada que los valida como marido y marido. A su lado, Damián Bernath y Jorge Salazar explicaban a un encargado de seguridad que ellos habían sido los primeros en casarse en la ciudad de Buenos Aires, pero que su libreta permanece bajo custodia judicial. Alberto agitaba la libreta en el aire, gritaba: “¡Somos dos de los matrimonios, tenemos que entrar!”, pero los policías permanecían impertérritos. “Ah, no, esto es discriminación”, bromeaba, tal vez en serio, la abogada del Inadi Carolina von Opiela, que había asistido en nombre propio y también un poco en representación de Alex Freyre y José María Di Bello, sus clientes famosos por haber constituido el primer matrimonio de varones celebrado en Argentina (y que en estos días pasan su luna de miel en Europa). Del montón revoltoso, sólo Esther Goris logró su cometido prontamente. El resto debió esperar un poco más. A unos metros, la activista trans Marlene Wayar esperaba a las redactoras de El Teje, la revista trans de la que es directora.

Dentro de la Casa Rosada, la animación iba en aumento. En primera fila, la diputada Vilma Ibarra charlaba con Enrique Pinti y Pepe Cibrián, mientras Florencia Peña giraba para hablar más cómodamente con Hebe de Bonafini y algunas de las Madres de Plaza de Mayo. Al otro lado del pasillo, Miguel Angel Pichetto, Agustín Rossi y Daniel Filmus compartían vista del escenario con Rachid y el secretario general de la Falgbt Esteban Paulón. Estaban Estela Carlotto, la representante de La Fulana Claudia Castrosín Verdú y, por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), su presidente, César Cigliutti, y el responsable jurídico, Pedro Paradiso Sottile. Como ellos, cientos vieron entrar a la presidenta Fernández escoltada por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el senador José Pampuro, la gobernadora fueguina Fabiana Ríos y sus pares de Santiago del Estero y Tucumán, Gerardo Zamora y José Alperovich. Nomás entrar, la concurrencia estalló: “¡Cristina! ¡Cristina!”. El silencio, a continuación, duró sólo unos segundos: el tiempo que llevó a Fernández estampar su firma para que la promulgación del matrimonio igualitario fuera un hecho.

Con la ley convertida en realidad, el activismo de la diversidad agradeció a Fernández. Primero Cigliutti, en nombre de la CHA; luego Rachid, Paulón y la activista trans María Pía Baudracco, por la Falgbt, y finalmente Castrosín Verdú, por La Fulana, entregaron a la Presidenta placas y hasta remeras en señal de gratitud. “Estas distinciones que me han dado las recibo en nombre de los miles y miles de militantes de esta causa, de la sociedad argentina, aun en nombre de aquellos que no están de acuerdo. En unos años, este debate resultará absolutamente anacrónico”, dijo Fernández, y los aplausos estallaron una vez más.

En un discurso breve, que no eludió la mención del debate que despertó y alimentó la propuesta para ampliar la definición del matrimonio civil, Fernández recuperó políticamente el recorrido diverso y plural del proyecto convertido en ley. “No hemos promulgado una ley, hemos promulgado una construcción social transversal, diversa y amplia” que “pertenece a todos”, dijo, y agradeció explícitamente a las diputadas Ibarra y Silvia Augsburguer (MC), que fueron fundamentales en el tramo inicial del proyecto de ley de matrimonio igualitario. Desde la platea, el presidente de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, Eduardo Tavani, y la jurista Nelly Minyersky escuchaban al lado de la jueza Elena Liberatori, que tomaba una foto a la Presidenta. Mosquito Sancineto y Carlos Heller escuchaban con atención.

“No sé cómo se sentiría Eva Perón cuando presenció la sanción de los derechos políticos de la mujer”, reflexionó la Presidenta, y la comparación alcanzó para que el rincón de la Agrupación Nacional Putos Peronistas estallara de emoción. Poco después, saludaban al primer caballero con dedicación de chicos scout peronistas: “Néstor, Néstor, Néstor corazón, acá tenés los putos para la liberación”. Desde los balcones del primer piso, el rosarino Martín Peretti Scioli sacaba cuentas y más cuentas: “Si la ley entra en vigencia mañana mismo, por ahí me caso antes”, explicaba entre detalles de la fiesta de boda que prepara con su novio, Oscar Marvich, y de la alegría que sintió el martes, al pedir turno en el Registro Civil.

En la galería de los Patriotas Latinoamericanos –bendecido desde la eternidad por imágenes del Che Guevara, Juana Azurduy, Juan Domingo Perón y monseñor Romero–, el diseñador Pablo Ramírez, de negro impecable, presenciaba el momento a corta distancia de la activista Lohana Berkins. Los dos quedaron como perdidos entre la multitud que se arremolinó en torno de Cristina Fernández apenas terminado el acto. “¡Quiero sacarme una foto con el matrimonio!”, clamó la Presidenta en cuanto vio a Martín Canevaro y su marido, el afrouruguayo Carlos Alvarez, a quien se declaró entre flashes: “Quiero casarme con vos”. Puesto en el brete, Canevaro concedió: “Y bueno, si él quiere”.

lunes, 12 de julio de 2010

HABLAN LOS CURAS QUE SE OPONEN A QUE LA IGLESIA CATOLICA IMPONGA SUS OPINIONES: “Parece una cruzada, parece el Medioevo”

Por debajo de “el jerarca”, el cardenal Bergoglio, hay otras opiniones entre los sacerdotes. En esta nota, algunos de ellos explican la postura de los muchos que se oponen a posiciones de autoritarismo.

Por Emilio Ruchansky

Primero fue un cura mendocino, Vicente Reale, que salió por el canal 9 de esa provincia a apoyar la media sanción de la Cámara de Diputados para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Fue el de 11 de mayo y lo justificó utilizando argumentos jurídicos y religiosos. “Quienes poseemos una determinada convicción, sea religiosa o no, podemos defenderla pero no tenemos derecho a condenar o a obligar a otros a que la compartan, mientras no se afecten derechos de terceros”, dijo en su columna semanal de televisión.

Luego fue un grupo de curas tercermundintas cordobeses, que siguieron su ejemplo y sumaron una fuerte crítica a la jerarquía de la Iglesia. Esta semana se sumó un grupo de sacerdotes bonaerenses, encabezados por Eduardo de la Serna, que trabaja en las villas de Quilmes. Representan a la otra Iglesia: la que trabaja a diario con los más desprotegidos y los más discriminados. Ahora, se empieza a pronunciar a favor de la inclusión de las minorías sexuales.

“Me resulta extraño que la Iglesia haga cosas que dice que no hay que hacer. (Antonio) Marino, que es el encargado del seguimiento legislativo, dice que la opinión de la Iglesia no se debe imponer sino sugerir, pero ahora la imponen –señaló De la Serna–. También se decía que la Iglesia no debe hacer lecturas fundamentalistas, como decir que la Biblia sólo menciona a varones y mujeres cuando habla de amor. ¿Y a qué va a decir? ¿Va a hablar de andróginos, hermafroditas, travestis? La Biblia se escribió en un contexto cultural determinado y ese contexto cambia. Dios habla a través de la cultura, su palabra no es una norma dada.”

Esta apreciación llega en momentos en que la jerarquía de la Iglesia Católica organiza marchas a lo largo de país contra el proyecto de ley que permite el matrimonio civil para personas del mismo sexo. “Siempre hablamos de la importancia del diálogo en la Iglesia, pero ahora aparece un jerarca (el cardenal Jorge Bergoglio) hablando de la ‘guerra de Dios’. Parece una cruzada, como en la época de la Inquisición, como si estuviéramos en el Medioevo”, dice De la Serna. Luego reflexiona: “Tiene una actitud tan violenta..., para mí que se equivocaron de siglo”.

Entre las contradicciones que este cura ve en la cúpula eclesiástica está aquel valor, esa norma superior que es la conciencia para los católicos. “Y acá no se respeta la conciencia de los diputados y senadores, la Iglesia los presiona”, señala. En su opinión, la cúpula de la Iglesia estará preocupada porque pierde poder e injerencia. “Estaban acostumbrados a poner y sacar ministros, a instaurar leyes”, dice. El desafío de la Iglesia, agrega, no es imponer su poder, sino buscar un proyecto superador o mejores propuestas de las que se van a debatir en el Senado el próximo miércoles por la mañana.

“Estábamos acostumbrados a no hacer propuestas buenas porque teníamos al público cautivo, que nos debía obediencia de vida”, reconoce el cura, cuya postura de actualizar ciertas nociones y desterrar prejuicios, compartida con quince sacerdotes de Quilmes y otras diócesis, recibió adhesiones de párrocos de varios puntos del conurbano bonaerense. Por ejemplo: San Isidro, Moreno y Lomas de Zamora. Ante la intolerancia vista y oída por estos días por parte de la cúpula de la Iglesia y de varios fieles, este cura acierta a comentar que la gente vive como puede, como siente “y no como le dice el cura”.

“¡Si para la Iglesia el matrimonio civil no es válido! Cualquier católico que esté casado así y no por iglesia es un pecador... entonces, ¿qué les preocupa, si no se está debatiendo legislar sobre el matrimonio religioso para gays y lesbianas?”, razona De la Serna e imagina el caos que sería si otras religiones siguieran el ejemplo de la Iglesia Católica. “Se vuelve teocrático el país”, se responde. Y concluye: “La jerarquía no se resigna a perder el poder de meterse en la cama de la gente. Yo no me hice cura para meterme en la cama de la gente”.

A mediados de junio, se realizó una marcha en Córdoba que convocó a tres mil personas que pe-dían a los senadores nacionales por esa provincia votar en contra del proyecto de matrimonio para personas del mismo sexo. Como respuesta a esta situación, el sacerdote Nicolás Alessio difundió, junto a 11 colegas suyos del Grupo de Sacerdotes Enrique Angelelli, “Aporte al debate sobre la modificación a la ley de matrimonio civil”. Allí se criticaba el “fundamentalismo anacrónico de quienes citan la Biblia para justificar sus propios prejuicios”.

Ya pasó un mes desde entonces y el obispo de Córdoba, Carlos Ñañez, advirtió a cada sacerdote, según cuenta Alessio, y les pidió que se retractaran de sus dichos. “Le dijimos que no íbamos a cambiar de opinión, ni a seguir la sana doctrina de la que hablan. Fue un momento de tensa calma. Nosotros sostuvimos nuestra libertad moral para hablar”, recuerda el sacerdote. Consultado sobre la carta de Bergoglio a las Monjas Carmelitas de Buenos Aires, donde les asegura que en la iniciativa de igualar los derechos de gays y lesbianas “está la envidia del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios”, Alessio reconoce que siente vergüenza ajena.

“Llaman a un guerra santa con los mismos argumentos medievales que utilizaban para quemar vivas a las brujas. En el fondo, la Iglesia pretende ser la rectora no sólo de la conciencia de la gente, sino de todos los ámbitos: económico, político y social. Desde la conquista española hasta acá, han marcado el bien y el mal, lo que se puede hacer o no. Obviamente no quieren perder poder, quieren ser la única voz autorizada para marcar el camino, pero tarde o temprano la sociedad va a separar a la Iglesia del Estado”, vaticina el sacerdote.

Mientras el clima se “recalienta”, como dice Alessio, “se van cayendo las caretas de la prolijidad con la que se venía tratando el tema”. Ahora la cúpula de la Iglesia hace público lo que piensa. “Y lo dicen con todas letras: que la homosexualidad es una enfermedad, una desviación peligrosa que lleva a la maldad”, dice el sacerdote y advierte: “En estos días puede pasar cualquier cosa, a lo mejor el obispo de Córdoba amenaza con excomulgar a los senadores que voten a favor de ampliar el matrimonio. Lo mismo hicieron cuando se debatía el divorcio, pero al final no excomulgaron a nadie”.

De la Serna, como Alessio, sospechan que en el fondo el tema no les importa tanto a los clérigos locales, más bien podrían tratar de “hacer carrera” con esto. “La línea más dura es la que bajan desde el Vaticano y muchos quieren hacer buena letra, como guardianes de la fe”, señala Alessio. “Sueñan con conseguir un cargo en el Episcopado”, completa De la Serna, que insinúa que lo más preocupante es que los obispos, en este tema, tienen más respuestas que preguntas. Los que no protestan, callan. “Como el obispo (Jorge) Casaretto, que dijo que no ‘es un tema importante’, una actitud muy cobarde, hipócrita”, dice Alessio.

Por otra parte, muchos de los férreos opositores parecen estar en cargos burocráticos, lejos de la calle y también de los fieles. “Yo miro las cosas como la gente las vive y las sufre. Si hacés tu acción pastoral desde el escritorio, esto se vuelve complicado. No tenés idea de lo que le pasa por la cabeza a la gente”, asegura De la Serna.